martes, 27 de marzo de 2012

"La vida no es un cuento de hadas"


"La vida no es un cuento de hadas" es un relato que ha surgido de mi imaginación y quiero compartirlo con todos vosotros y saber vuestra opinión sobre él. 

El relato, trata sobre una chica que cuenta su vida desde su nacimiento hasta su madurez y explica como se le han ido complicando las cosas pero aún así no se ha rendido y ha seguido adelante con el objetivo de llegar a ser feliz algún día.

Aquí os lo dejo la primera parte :

Durante mi nacimiento, yo no era consciente de quien era, ni donde estaba ni cuantas personas había a mí alrededor y mucho menos, quien había sido la que me había traído al mundo, simplemente tenía los ojos cerrados mientras lloraba y gritaba.

Cuando tenía 3 años, mis padres no tenían tiempo para mí, tenían que trabajar para poder mantener estable el orden y las necesidades que eran necesarias para cada miembro de la familia, así que me llevaban a una casita pequeña con muchos gatos alrededor donde vivía una viejecilla de lo más simpática que me contaba cuentos y me hacía reír con unos movimientos que hacía con las manos en mi cuerpecito pequeño con la que experimentaba, una sensación de lo más extraña y a la vez divertida.

 Ella si no mal recuerdo, se llamaba Isabela, tendría ya sus 70 años o quizá más, solo recuerdo unas cuantas palabras de ella y sus relatos sobre su vida. Cada día que iba a esa casita siempre sacaba su tema preferido "la vida” ¿Qué es la vida para muchos de vosotros? Para mí, la vida no es solo existir, sino existir y crear, saber y gozar, aunque peligrosa.

 Por las palabras que me contaba Isabela, que al poco tiempo descubrí que era mi abuela, para ella la vida, era en realidad, una calle de sentido único. Donde solo se podía tirar hacia delante, y nunca ver hacia atrás.Isabela, mi abuela, tenía unas amigas de lo más cotillas, Salome y Tiara. 

Esas dos mujeres se pasaban el día en el jardín tomando té y jugando al parchís.-¡Qué buen día hace hoy! –decían siempre, cuando corría la brisa, los arboles se movían y creaban música con la sacudida de sus hojas y el sol brillando con esa luz intensa y delicada.

Ellas con sus vestidos de talla grande y sus típicos zapatos de entre semana, se ponían a hablar de todo lo que ocurría en el barrio como dos cotorras. Mi abuela, lo único que hacía era sonreír y vivir el tiempo que le quedaba aún de existencia.Yo me ponía a jugar con los gatos, eran preciosos, había uno que era mi preferido, pequeñito y blanquito con unos ojos azules que parecían dos gotas de agua caídas del cielo.

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