domingo, 18 de noviembre de 2012

Primavera - Tercera Parte


En aquél instante solo deseaba que una hada madrina o un genio que saliese de una lámpara maravillosa apareciese por arte de magia y me concediese pedir un único deseo: Poder salvarte.

Maldigo el momento en que el Doctor me hizo sentarme y pedirme un poco de paciencia, cuando me explicó que llevabas  desde hace un par de meses con revisiones constantemente y de las cuales no había escuchado nunca hablar ni salir de tu boca. Y entonces salió la única frase que no quería que saliese de él: “Hay que operarla urgentemente”.

El mundo se me caía encima y me parecía una pesadilla ya que la realidad era demasiado dura para tragármela de golpe. ¿Qué podía hacer? Necesitaba verte, necesitaba darte al menos un beso y un abrazo y decirte que fueses fuerte y no te rindieses, que al salir de aquél lugar tan horrible, estaría esperándote con los brazos bien abiertos.

Ya no recuerdo los numerosos cafés que me tomé por la ansiedad y lo nervioso y preocupado que estaba, aquellas horas que trascurrían en el reloj eran interminables.

Y sucedió, algo dentro de mí me hizo levantarme de aquella mesa en esa cafetería medio vacía y me hizo correr sin rumbo y sin razón hacia una ventana de cristal donde al otro lado, tú inconsciente estabas perdiendo la vida y llevándote la mía.

Perdí el control de mi cuerpo, caí extendido al suelo gritando a los cuatro vientos por que tenía que ocurrirte eso a ti mientras en mi cabeza pasaban múltiples cosas y  motivos donde no le encontraba explicación alguna. Y entonces, perdí el conocimiento.

Al despertarme, no reconocía quien era, ni que hacía allí. Me levanté de aquella camilla y me dirigí hacía el baño, me miré al espejo, que aspecto más horroroso. Mis ojos estaban rojos e hinchados, mientras mi rostro era pálido. No me apetecía nada en aquel momento, solo deseaba verte una vez más, sonreír ante ti y poder ver tu maravillosa sonrisa. No hacía ni un día que habías marchado de mi lado y ya te echaba de menos.

Me costó aceptarlo y era muy triste no poder volver a aquella rutina que hacíamos juntos; Estuve una buena temporada yendo al psicólogo para poder superar tu perdida, y siento mucho haber faltado a tu entierro, no podía soportar verte de aquella manera y mucho menos que fuese la última vez que te viese. Aun así, ahora voy a menudo a explicarte mis penas y te dejo el mejor tulipán de la ciudad con una pequeña carta diciéndote lo mucho que sigo queriéndote. ¿Y tu anillo? Lo conservo igual que el mismo día que lo compre, en mi mesilla de noche, esperando que un día pueda ser tuyo.

Sigo muy frustrado aún por tu perdida, pero pienso en positivo y sé que volveré a verte algún día y que cuando llegue, volveremos a estar juntos.

Fin.

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