domingo, 1 de julio de 2012

"Todos contra mí" - tercera parte


¿Por qué era así de injusta la vida conmigo? Yo no tenía ninguna culpa de ser como era y no discriminaba a los demás por ser de ese color.

Pasaban los días y eran todos iguales. La gente me miraba mal, me criticaban y más de alguno intentaba pegarme. Llegaba a casa cansado y deprimido por como todos me trataban y tampoco sentía apoyo de nadie, ni de mi madre.

Lo único bueno que había pasado durante todo ese tiempo era que mi madre había conseguido trabajo pero al igual que ella sabía que no era bueno, yo también lo sabía. Le pagaban una miseria por trabajar 14 horas seguidas sin descanso y para colmo tampoco tenía contrato. 

Estaba cansado de vivir así y no sabía cómo encontrar una solución, hasta que un día en el colegio me dieron una hoja pequeña que informaba a todos los padres y/o tutores  sobre una excusión en un acantilado no muy lejos y que no había precio, es decir, que era gratis.

Tenía ganas de ir, no sabía que era un acantilado pero tenía ganas de ir.

Descubrir cosas nuevas y a la vez preciosas era una de mis mayores aficiones de pequeño, así que decidí enseñárselo a mi madre para saber su opinión.
Ella aceptó pero con una condición, tener cuidado.

Esos sitios eran bastante peligrosos y con el odio que me tenían, alguna locura poco humana podían hacer.

Llegó el gran día, estaba ansioso no sabía que podría encontrarme y mucho menos si sería bonito aquél lugar desconocido para mí.

En el autobús me senté solo como solía hacerlo en todos los lugares y al ver por la ventana, pude contemplar aquél bello paisaje que llevaba mi alma con paz y tranquilidad y hacia que todo el mal desapareciese por un instante.

Al llegar allí vi un cartel “El acantilado de Berbont” era un nombre muy raro pero a la vez encantador, aquello era inmenso y rojizo parecía que fuese a derrumbarse pero no era así.

Al rato, hubo un momento de tensión, unos chicos se me quedaron mirando con cara de desprecio y ese día maravilloso para mí comenzó a ser otra vez una pesadilla de la cual nunca podría despertar.

El tiempo pasó rápido y no pude contemplar bien aquello ya que teníamos que marchar, ese día había oscurecido muchísimo antes.

Al llegar a casa encontré a mi madre borracha, nunca la había visto así y al poco tiempo me enteré que la habían echado de su trabajo y no le habían dado nada.

Yo no podía seguir así y en el único lugar que me apetecía estar desde ahora era en aquél acantilado tan bonito y precioso que había visto por primera vez y quería seguir viendo durante toda mi vida.

Esa misma noche, estuve pensando en algo, algo que nunca me había planteado. ¿Morir o seguir viviendo? ¿En que se diferenciaba morir con mi vida? Creo que estaría muchísimo mejor muerto que no seguir en este infierno que era todo.

Cogí un bolígrafo y un papel y expresé en una carta todo lo que sentía.

Querida mamá:

Has sido tan buena conmigo, has sido la madre perfecta y solo tú me has enseñado todo lo que sé hasta ahora.

Has sufrido por mí y dado tu vida por mi bienestar por lo cual te debo muchísimo y doy gracias a Dios por haberme hecho hijo tuyo.

Llevo durante muchos meses deprimido, pensando una respuesta por la cual seguir luchando en este mundo del cual no pertenecemos nosotros y nos desprecian. Qué es mejor mamá ¿vivir o morir?.

Esta noche lo he pensado bien y he llegado a la conclusión que es mejor morir que no seguir aquí, sufriendo por no hacerle daño a la gente, sufrir por cómo nos tratan por ser diferente.

Mamá, no nos volveremos a ver pero quiero que sepas que estaré dentro de tu corazón cuidándote desde el cielo y rezando por que puedas sobrevivir y que recuerdes que a este hijo le has hado lo mejor que has podido dar, amor.

P.D: Espero que algún día cambie esto, espero que la gente de otra raza se dé cuenta de cómo puede afectar sus acciones y palabras a otras y sobretodo espero que algún día puedan convivir todos juntos en armonía y paz.

Con mucho cariño, Jim.

Al acabarla la selle con un beso y la dejé en la mesilla de noche al lado de mi madre.

Cogí fuerzas y decidí partir hacía aquél maravilloso acantilado que me esperaba con los brazos abiertos.

Después de caminar horas y horas pude observar cómo me iba acercando a aquél paraíso y al llegar allí  solo me hizo falta la valentía de dar un paso más y llegar hasta mi fin…

Por fin me sentía en casa.

FIN

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